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Eduardo Bello at Jul 18, 2022 02:26 PM

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los sentimientos de tristeza, interrumpen los movimientos
circulatorios; lo cual debilita el estado físico moral.
Es pues, necesario combatir á todo trance todos estos
sentimientos desde su aparición, con las armas de la filo-
sofía y con toda la energía de la voluntad,

IV

El aire puro y vital, es una de las condiciones indispen-
sables de salud y de longevidad.
El aire de los dormitorios y demás aposentos cerrados
ó demasiado calientes en Invierno, se necesita renovarlo
con frecuencia, sobre todo, cuando una reunión numerosa
ha pasado en ellos la noche; porque habiéndose consumido
en parte el oxígeno, por la luz y la respiración de las
personas, este aire se hace insalubre.

V

Escoged buenos alimentos, especialmente aquellos que
se digieren y se asimilan con facilidad, y cuyos residuos
se eliminan sin gases ni esfuerzos.

VI

Las cantidades alimenticias deben estar siempre en re-
lación con las fuerzas digestivas, con los ejercicios físicos
y las pérdidas que sufre el cuerpo sin cesar. La persona
que gasta mucho en trabajos corporales, debe necesaria-
mente consumir mucho más que la que lleva una vida se-
dentaria ó que trabaja poco.

En una palabra, la reparación alimenticia debe estar
siempre en relación con las pérdidas del cuerpo: comer
mucho ó demasiado poco es igualmente perjudicial.

VII

La medicina en el orden terapéutico, como en el patoló-
gico, es igualmente útil en caso dado; sin embargo, es pre-
ciso no abusar de ella. Las personas que por una ligera
enfermedad ó un desarreglo cualquiera, ocurren al médi-
co y tocan este recurso con insistencia innecesaria, se pue-
de pronosticar que nunca gozarán de salud cabal.

REMITIDO

Publicamos con gusto el siguiente artículo con que nos
favorece de Metztitlán, una Señorita adicta á la literatura.

INSTRUCCION FEMENIL.

Numerosas personas sostienen que el estudio, lejos de
mejorar la condición de la mujer, la hace adquirir nuevos
defectos. Confieso que en parte tienen razón; pero esto,
no es debido á la instrucción que la mujer recibe; sino á
la manera de impartírsela.

Si la máquina de vapor de un ferrocarril es conducida
por un ignorante, y se sale de la vía, causando quizá te-
rribles desastres en los pasajeros, ¿Culparemos por esto al
vapor, y calificándolo de temible rehusaremos emplearlo
en las artes mecánicas justificando así la impericia del ma-
quinista, ó buscaremos hombres aptos que lo conviertan
en un poderoso y útil agente del progreso? Optaremos lo

segundo, porque lo primero sería una incalificable nece-
dad. ¿Pues por qué lejos de combatir la ilustración de la
mujer, no se procura que encuentre en ella un arma que
le ayude á modificar sus defectos en vez de aumentárselos?

Si se quiere que el hombre sea recto, pundonoroso y
amante de su patria y de su familia, se debe educar á la
mujer; porque siendo ella, la que debe dirigir las primeras
inclinaciones del niño, si no las encamina al bien, inútiles
serán cuantos esfuerzos se hagan después para cambiarlas.

Plutarco dice que: “si Licurgoes el único de todos los le-
gisladores que ha tenido la gloria de fundar una repúbli-
ca, en la cual, la virtud reinó durante quinientos años, fué
porque grabó en cera, las sabias costumbres en la infan-
cia,” y tiene razón en creerlo así; porque las impresiones
que en esta edad se reciben, difícilmente se borran como
lo atestiguan los heroicos esfuerzos que hizo Pedro el
Grande, para corregirse del miedo terrible que tenía al
agua, originado de que en sus primeros años se había caí-
do en ella.

Analizando las ideas, preocupaciones, costumbres é his-
toria de las naciones antiguas y modernas, no se puede
menos de advertir la poderosa influencia que la mujer
ejerce en el sexo fuerte. En las varias y accidentadas cir-
cunstancias de la vida social, ella ha marcado siempre el
poder ó la degradaeión de los pueblos.

Xenócrita se presentó en Canas delante de sus compa-
triotas con la faz descubierta y se cubrió en presencia del
opresor de su patria, diciendo que '“en realidad éste era
el único hombre que veía, porque los que envilecidos so-
portaban la tiranía, eran indignos de llevar el nombre.”

A estas palabras, los habitantes de Canas recobran el
honor y sacuden el yugo ominoso que los oprimía.

Elena, con su maravillosa y fatal hermosura causó el
aniquilamiento de un poderoso imperio asiático, alcanzan-
do una triste celebridad. Las lacedemonias, alabando ó
satirizando en sus canciones á los jóvenes, reanimaban en
ellos el amor á la virtud; pero después, con sus impúdicos
ejercicios, los precipitaron en el libertinaje y la corrup-
ción.

Los sabinos, empuñando las armas que la venganza
había puesto en sus manos, presentan batalla á los roma-
nos: las romanas, llenas de dolor y desesperación se arro-
jan entre los dos ejércitos con sus tiernos hijos en los bra-
zos exclamando: ¡Crueles! ¿qué vais á hacer? estos son
nuestros esposos: aquellos nuestros padres y hermanos!
Las armas caen y aquellos guerreros deponiendo sus odios,
se estrechan en fraternal abrazo.

A la voz de Veturia, Coriolano abandona los muros de
Roma que estaba pronto á destruir: pero en la época de
los emperadores, y cuando Roma se encaminaba á la de-
cadencia, las romanas, demostrando que la crueldad na-
ce en medio de los deleites, aumentaron las desdichas de
su patria con sus infamias, disoluciones é intrigas.

Una joven aldeana con su valor y energía, salva á los
franceses de la opresión de Inglaterra.

Catalina de Médicis llenó de luto y desolación á la Fran-
cia; y por último, sólo una mujer, comprende el sublime
pensamiento de Colón y le ayuda á realizarlo.

Como se vé por estos ejemplos el influjo que el sexo dé-
bil tiene sobre el fuerte puede ser la base de la virtud ó el
pedestal del crimen, y he aquí, por qué la mujer debe ins-
truirse; pues mal podrá ser buena esposa y excelente ma-

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los sentimientos de tristeza, interrumpen los movimientos
circulatorios; lo cual debilita el estado físico moral.
Es pues, necesario combatir á todo trance todos estos
sentimientos desde su aparición, con las armas de la filo-
sofía y con toda la energía de la voluntad,

IV

El aire puro y vital, es una de las condiciones indispen-
sables de salud y de longevidad.
El aire de los dormitorios y demás aposentos cerrados
ó demasiado calientes en Invierno, se necesita renovarlo
con frecuencia, sobre todo, cuando una reunión numerosa
ha pasado en ellos la noche; porque habiéndose consumido
en parte el oxígeno, por la luz y la respiración de las
personas, este aire se hace insalubre.

V

Escoged buenos alimentos, especialmente aquellos que
se digieren y se asimilan con facilidad, y cuyos residuos
se eliminan sin gases ni esfuerzos.

VI

Las cantidades alimenticias deben estar siempre en re-
lación con las fuerzas digestivas, con los ejercicios físicos
y las pérdidas que sufre el cuerpo sin cesar. La persona
que gasta mucho en trabajos corporales, debe necesaria-
mente consumir mucho más que la que lleva una vida se-
dentaria ó que trabaja poco.

En una palabra, la reparación alimenticia debe estar
siempre en relación con las pérdidas del cuerpo: comer
mucho ó demasiado poco es igualmente perjudicial.

VII

La medicina en el orden terapéutico, como en el patoló-
gico, es igualmente útil en caso dado; sin embargo, es pre-
ciso no abusar de ella. Las personas que por una ligera
enfermedad ó un desarreglo cualquiera, ocurren al médi-
co y tocan este recurso con insistencia innecesaria, se pue-
de pronosticar que nunca gozarán de salud cabal.

REMITIDO

Publicamos con gusto el siguiente artículo con que nos
favorece de Metztitlán, una Señorita adicta á la literatura.

INSTRUCCION FEMENIL.

Numerosas personas sostienen que el estudio, lejos de
mejorar la condición de la mujer, la hace adquirir nuevos
defectos. Confieso que en parte tienen razón; pero esto,
no es debido á la instrucción que la mujer recibe; sino á
la manera de impartírsela.

Si la máquina de vapor de un ferrocarril es conducida
por un ignorante, y se sale de la vía, causando quizá te-
rribles desastres en los pasajeros, ¿Culparemos por esto al
vapor, y calificándolo de temible rehusaremos emplearlo
en las artes mecánicas justificando así la impericia del ma-
quinista, ó buscaremos hombres aptos que lo conviertan
en un poderoso y útil agente del progreso? Optaremos lo

segundo, porque lo primero sería una incalificable nece-
dad. ¿Pues por qué lejos de combatir la ilustración de la
mujer, no se procura que encuentre en ella un arma que
le ayude á modificar sus defectos en vez de aumentárselos?

Si se quiere que el hombre sea recto, pundonoroso y
amante de su patria y de su familia, se debe educar á la
mujer; porque siendo ella, la que debe dirigir las primeras
inclinaciones del niño, si no las encamina al bien, inútiles
serán cuantos esfuerzos se hagan después para cambiarlas.

Plutarco dice que: “si Licurgoes el único de todos los le-
gisladores que ha tenido la gloria de fundar una repúbli-
ca, en la cual, la virtud reinó durante quinientos años, fué
porque grabó en cera, las sabias costumbres en la infan-
cia,” y tiene razón en creerlo así; porque las impresiones
que en esta edad se reciben, difícilmente se borran como
lo atestiguan los heroicos esfuerzos que hizo Pedro el
Grande, para corregirse del miedo terrible que tenía al
agua, originado de que en sus primeros años se había caí-
do en ella.

Analizando las ideas, preocupaciones, costumbres é his-
toria de las naciones antiguas y modernas, no se puede
menos de advertir la poderosa influencia que la mujer
ejerce en el sexo fuerte. En las varias y accidentadas cir-
cunstancias de la vida social, ella ha marcado siempre el
poder ó la degradaeión de los pueblos.

Xenócrita se presentó en Canas delante de sus compa-
triotas con la faz descubierta y se cubrió en presencia del
opresor de su patria, diciendo que '“en realidad éste era
el único hombre que veía, porque los que envilecidos so-
portaban la tiranía, eran indignos de llevar el nombre.”

A estas palabras, los habitantes de Canas recobran el
honor y sacuden el yugo ominoso que los oprimía.

Elena, con su maravillosa y fatal hermosura causó el
aniquilamiento de un poderoso imperio asiático, alcanzan-
do una triste celebridad. Las lacedemonias, alabando ó
satirizando en sus canciones á los jóvenes, reanimaban en
ellos el amor á la virtud; pero después, con sus impúdicos
ejercicios, los precipitaron en el libertinaje y la corrup-
ción.

Los sabinos, empuñando las armas que la venganza
había puesto en sus manos, presentan batalla á los roma-
nos: las romanas, llenas de dolor y desesperación se arro-
jan entre los dos ejércitos con sus tiernos hijos en los bra-
zos exclamando: ¡Crueles! ¿qué vais á hacer? estos son
nuestros esposos: aquellos nuestros padres y hermanos!
Las armas caen y aquellos guerreros deponiendo sus odios,
se estrechan en fraternal abrazo.

A la voz de Veturia, Coriolano abandona los muros de
Roma que estaba pronto á destruir: pero en la época de
los emperadores, y cuando Roma se encaminaba á la de-
cadencia, las romanas, demostrando que la crueldad na-
ce en medio de los deleites, aumentaron las desdichas de
su patria con sus infamias, disoluciones é intrigas.

Una joven aldeana con su valor y energía, salva á los
franceses de la opresión de Inglaterra.

Catalina de Médicis llenó de luto y desolación á la Fran-
cia; y por último, sólo una mujer, comprende el sublime
pensamiento de Colón y le ayuda á realizarlo.

Como se vé por estos ejemplos el influjo que el sexo dé-
bil tiene sobre el fuerte puede ser la base de la virtud ó el
pedestal del crimen, y he aquí, por qué la mujer debe ins-
truirse; pues mal podrá ser buena esposa y excelente ma-